
José Mourinho no es un entrenador normal. Algunos le consideran mal educado, oportunista, narcisista, capaz de ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el suyo propio. Se ha ganado el odio de media Europa pero a la afición de sus clubes esa agresividad no les resulta tan incomoda. Parece que su estrategia de comunicación no existe, que sólo dice lo que piensa. Pero hay algo más.
Dice Mourinho que con la prensa italiana tiene una guerra perdida porque son muchos y él está solo. Esa fue su reacción cuando se publicaron en grandes titulares que había hecho explícito su deseo de volver a Inglaterra. El propio Mou, lo explicaba después ‘Mis declaraciones han sido tergiversadas. Nunca he negado que amo Inglaterra y mi deseo de volver allí algún día, pero eso mismo ya lo dije en mi adiós al Chelsea. Sin embargo, he reiterado mi voluntad de cumplir mi contrato con el Inter, que finaliza en 2012. ¿Italia? No amo a los periodistas, con ellos estoy en guerra’.
En Italia se entendió que no estaba a gusto en el país transalpino, y tuvo que explicar que no se refería a todos los italianos, sino sólo a la prensa con la que aseguró tener ‘una guerra perdida, puedo perder una guerra, pero no pierdo mi libertad, mi independencia y mi libertad de pensamiento. Seré siempre independiente y diré siempre lo que pienso, aunque a muchos no les guste’.
Aquí está lo más importante de la cuestión que en este blog nos ocupa.
De cara al exterior, Mou es un entrenador indolente, prepotente y que no mide sus palabras. Algunas veces esa obsesión por practicar el deporte favorito de los ‘bocazas’ le ha llevado a perder oportunidades profesionales: cuando se comenzó a hablar del interés de Florentino por ficharle, aprovechó la oportunidad para colgarse la medalla y decir que el resto de candidatos ahora serían unos segundones. Su forma de alimentar su ego no tiene límites según la imagen que transmite.
Se presenta como un hombre agresivo, altivo y seguro de sí mismo, poco dotado para medir sus palabras, y ¡qué diantres! muy poco le importa. Lo ha demostrado en multitud de ocasiones: cuando dijo que su trayectoria no podía ser comparada con la de Rijkaard porque el holandés ‘no ha ganado nada’, cuando dijo que ‘Barcelona es una ciudad con muchos teatros y ese chico (Leo Messi) ha aprendido muy bien a hacer teatro, o cuando ataca a Rainieri (por no saber inglés) a Wenger (por ser un Voyeur) y a Ferguson (por creerse un gurú).
Pues desde Comunicación y Espectáculo pensamos que este es uno de los tipos que deberían gustar a la prensa. Siempre da titulares, siempre. Es original en sus afirmaciones e incluso las dota de un humor ácido. Da mucho qué hablar, y eso hace que se vendan periódicos o que se visiten páginas web. A los aficionados de su equipo no les cae del todo mal porque muchas veces en su afán populista pone palabras en su boca que los seguidores de su equipo pueden perfectamente pensar cuando termina un partido. Por ejemplo, cuando dijo que sí se podía ganar al Barcelona, siempre y cuando jugaras con 11 jugadores, en referencia a las múltiples expulsiones que sufrieron los rivales del Barcelona en la temporada 2005/06.
Conclusiones:
A la prensa no le viene tan mal tener a Mourinho en su ciudad. Se aprovechan de su mal carácter para provocarle y atraer tráfico y lectores por lo extravagante de su pensamiento y su sinceridad visceral y con enormes dosis de mala leche.
Es posible que su ironía nunca le deje ocupar el banquillo del Real Madrid y que le cree numerosos enemigos, pero entre su afición consigue muchos apoyos a base de demagogia a su favor.
Siempre que ataca a algún entrenador lo hace para enaltecer su personalidad o logros frente a los del otro. Por un lado, esto refuerza su imagen de prepotente pero cuando tiene razón poco se puede decir en su contra.
Mourinho ha apostado por una política de comunicación: decir lo que pienso siempre para descalificar al otro, enaltecer los méritos de mi equipo y los míos propios en toda circunstancia. Poco le importan sus consecuencias mientras su cuenta corriente siga creciendo.